miércoles, 21 de enero de 2015

Homínido estuosamente estulto


     Hay un lugar mágico, ignoto y lejano, donde las princesas de todos los cuentos esperan en la casa de las hadas el regreso del príncipe que partió a inspeccionar este mundo... y se volvió mundano.
      "Nunca encendáis una vela al cielo para que os quieran
                                            —les decía el hada—,
      si el que os quieran depende de una vela".

     Entendió una princesa que debía buscar a su príncipe saliendo de la espera y bajó decidida a encontrarlo.

     Lo encontró borracho de vanidades en las fiestas del monte rictus.
     Al ver que no la reconocía, lanzó sus llantos al cielo y las hadas le enviaron una rosa, una honda y la voz de un ruiseñor que presto fueron a su mano.
     Sin dudarlo ni un segundo, le dio amor y el malasaña acontrito, sin dudar, mordió su mano.

                                           Se  quedó sin mano.

     Le volvió a ofrendar amor, como manjares a un dios, sobre pétalos de rosa y el mutante sin sapiens rasgó los pétalos.

                                           Se quedó sin rosa.

     Cargó la honda de amor y la lanzó con tal fuerza que volando se hizo luz afilada como flecha; pero el mundano perverso se apartó para que cayera al barro y raudo la pisoteó, danzando sobre honda de amor, como en las fiestas de Baco.

                                            Se quedó sin honda.

     Con la voz del ruiseñor entonó grito de amor y el sapillo pintojo le dio la espalda y taponó sus oídos con cinismo sado infartus.

                                             Se quedó sin voz.

     Las hadas, en primorosa premura, le enviaron una nube para que le lloviera amor al renegado inclemente que al instante abrió el paraguas seguro de que, como en sus karmas de antaño, le caerían rayos despegadores de sus libertinos atracos.

     La princesa llamó a la nube y se subió en ella. Al punto de elevarse, oyó la voz de aquel clamando amor. Lo miró y sobre aquella nube pasó de largo.

     Por encima del lamento autocompasivo de aquél que se trucó mundano, destacó la voz de un hada:

                                           "Homínido estuosamente estulto,
                                            ahora que tienes lo que reflejas,
                                                  ¡¿De qué te quejas?!"




©Mara Romero Torres, En las olas de tus ojos 

(La imagen que ilustra este Cuento-Poema ha sido tomada de internet)



miércoles, 14 de enero de 2015

La última rosa del otoño



A Juan Andrés

Objetos y plantas vienen a mí desde el tiempo.

Miro de cerca estas gafas de sol
cansadas de filtrar mis andares,
y esta copa que en mi recuerdo
lleva las aristas de los años.

Antes todo era nuevo.

Hoy he visto esta rosa roja
que, no siendo ni la más bonita ni la más fea,
es la rosa que mejor huele de todas
las que he olido en mi vida.
He olvidado la fecha en que mis manos
plantaron el rosal que la ha gestado
y he olvidado también si alguna vez
me hirieron sus espinas.
Contemplo en sus pétalos perfectos
el terciopelo de todos los veranos
y ahora que llega el frío,
envolviendo en su pátina belleza y melancolía,
la última rosa del otoño me hace compañía.

Audio del poema


©Mara Romero Torres, "En las olas de tus ojos"

Juan Andrés, desde facebook, me pidió que hiciera un poema; aquí está en letra y audio.


viernes, 29 de noviembre de 2013

Al rayar el alba


Las noches están hechas a su medida. Por sus venas corren mis huellas y en mi vida está su piel. Con él he rozado lo invisible cuando el alba se ha manifestado en promesa. Sólo por alcanzar su beso sublime volvería a nacer otra vez... Y mil veces volveré a nacer mientras vida y muerte me encuentren al rayar el alba.

martes, 26 de noviembre de 2013

Nombre de Mujer



XI

El espejo son dos ojeras
una cara sin oxígeno
unos labios sin perfiles
la mirada en el exilio.
Un aroma a café rápido
sin buenos días ni un beso.
Un moratón en la esperanza
un portazo al son del miedo.
Estalactitas de espanto
en un alma mutilada.
No me miro
adónde he ido
que nadie me mire.
Se rompió el alba en el túnel secreto que te trae de otra cama.
En las sábanas frías de una copa dolida
se perdió el descanso
y se perdió mi vida.

© Mara Romero Torres, de "Pañuelos de la Alhambra"


sábado, 8 de diciembre de 2012

Luna Gitana

El poema y la música de este audio son de Fernando Rabih, cantautor del grupo La Surca (Buenos Aires, Argentina). Espero que os guste. Podéis escucharlo y descargarlo si os gusta. Va para vosotros con todo mi cariño.

domingo, 10 de junio de 2012

Señores, tienen razón



Mundo de ciegos y sordos
donde más habla el sin ton ni son;
donde el necio se cree galán
y el trepa conquistador;
donde el vanidoso pretende ser admirado
como único beneficiario de la admiración
y el inculto todo lo sabe ignorando
que existe la interrogación.

Y es que el hacerse preguntas planta verdades,
acerca monstruos al pensamiento,
obliga a tomar posición
y resalta las carencias.

Señores, tienen razón:
¿Para qué vamos a pensar
y a complicarnos la vida?
Si nacimos siendo tan sabios
y dotados de tanta perfección,
que el pensar lo haga quien lo necesite
que por nosotros siempre habrá quien piense
e implante su decisión.

Que piense quien no sea capaz
de vivir en este mundo de ciegos sordos parlanchines
que presumen al hablar, hablando sin ton ni son
desde un ombligo feudal que rinde culto formal
a sus gloriosos vahídos.

Aquí, donde el aplauso egolatra y no da más fruto que el “yo”,
que sigan los bajos fondos,
el decir y hacer corrupto
y las traiciones al amor
que a fin de cuentas, señores,
es un órgano el corazón.

El que tenga hambre que pida,
que ya habrá quien le dará,
y el que sufra que se calle
que no son tiempos de llorar.

Ilustre mundo de ciegos sordos parlanchines
donde el aplauso egolatra y ayuda a saltar,
estás jodido y no te enteras
o no te quieres enterar.

Los monitos de feria son felices
cuando se les echa un cacahuete
y por recibir tal recompensa
no se lo piensan
y saltan más.

© Copyright, Mara Romero Torres
(Imágenes tomadas de la web)

jueves, 17 de mayo de 2012

Sueños de mar y tierra


Palabras sin miedo
desde este lado en donde estoy,
a un paso de la alborada,
en una casa que en desfiladeros
se va quedando vacía.

Tengo,
en el interior de mi mirada,
la imagen de dos marineros
que vuelven del mar y caminan
hacia el hogar del mediodía
con olor a salitre
y paso firme en la incertidumbre 
del encuentro.
A la hora del regreso,
sus pasos son más blandos en la tierra
que en la mar sus pensamientos. 

En la mar, los sueños están abiertos;
en tierra, hay olas de sueños muertos.

Estáticos entre dos mundos
quedan en símbolos sus cuerpos.
El uno, en su caminar,
presta oídos a esa mar
que en su mejilla da un beso;
el otro, sentado en un banco,
llama aliento al desaliento
que desubica en la tierra
el vuelo del Pegaso blanco
que define mar y cielo.

Los sonidos de sus voces
no es que se callen por miedo,
es que hablan con la mar
que los espera en el puerto.

Estáticos en los símbolos
viven dos marineros.
Sus pasos sobre la tierra
y el alma entre el mar y el cielo.


©Copyright: Mara Romero Torres
Fotos: Marineros del Puerto de Cartagena, Murcia, España, verano 2011

domingo, 15 de abril de 2012

De mi corazón al tuyo



A veces hay días que vienen cargados de noche. Se alargan y extienden brazos de laberinto sin salida que dejan arañada el alma. Estos días han sido de esos. Esos días se llaman yo. 

A veces hay noches que vienen cargadas de luz. Se expanden y encienden bálsamos de arco iris que abren esperanza en el corazón. Esta noche, es de esas. Estas noches se llaman tú.


jueves, 1 de marzo de 2012

Estás en mí


De entre todos los desterrados,
esta rebeldía fue la más condenada
a sentir dolor de ti y de tu no tú.
Estás ahí,
al otro lado de la cortina plomiza
que separa tu cielo del mío
y, cuando duermes,
tu lento respirar se desliza
por el hilo tenso que te lleva a mi sueño.
Entras sin hacer ruido,
como un enamorado en busca de su amor furtivo,
en ese edén secreto donde habita tu presencia.
Estás ahí,
tan dentro de mi silencio
conformado en la constante esencia
de una imagen liberada
cuyo nombre mi mente pronuncia y mis labios
evitan
para no perturbar la paz de los sueños.
Más allá de la cortina plomiza,
el reloj de arena tiene un minuto eterno
que transforma la vida y la contempla
en la cotidianidad de no tenerte
y saber
que estás en mí.

© Copyright: Mara Romero Torres, del poemario "Pañuelos de La Alhambra", poema V