martes, 6 de agosto de 2019

En este ahora del mediodía

En este ahora del mediodía
se resisten a dormir la siesta las palomas.

Saben que está cerca la línea de cruce

y juegan en ella al dolce far niente.
Si alguna vez perdieron sus alas,
hoy en plumas restauran su horizonte.

Al mirarlas,
pareciera que nacieron para ser eternamente felices.
Nadie piensa si seguir su instinto es libertad o cadena,
como tampoco nadie sabe si hay dolor en sus nidos
o si alguna vez soñaron caminar con mis pies
o sentir la seda de tu piel cuando te abrazo.
Nadie sabe si llevan sus alas el peso de un amor traicionado
o si por la noche miran la luna con la esperanza de encontrarme
en la parte que habito.

Nadie sabe dónde guardan las palomas sus poemas
ni tampoco ha habido quien piense en ellos
y, sin embargo, no descansan su escritura.

Ellas y yo compartimos el mismo instante
y percibimos la débil línea que nos separa y nos une.
Ellas saben siempre adónde enviarme sus poemas
y yo sé a qué buzón aéreo enviarles los míos.

Hoy transitan gozosas el esplendor de la primavera.
Nadie sabe si en algún momento se identifican
con mis estado de ánimo, mis soledades o mis quimeras,
como tampoco nadie sabe en qué momento el aire arrebata sus suspiros
ni cuándo la lluvia mezcla entre sus gotas lágrimas de paloma.

En ese dulce hacer nada con que de soslayo dan todo,
embargan el amargo hacer todo con que cosecho mi nada.

Poema de mi libro "Al rayar el alba"
© de texto y foto Mara Romero Torres 
Foto, Plaza Aliatar, Albayzin







sábado, 25 de mayo de 2019

Solo vienen los valientes

Se llama Marco. Es un Dios. Lo supe desde el momento en que él decidió venir a este mundo de pruebas al que solo vienen los valientes. Si pudieras mirarlo con los ojos de la experiencia que ya ha descubierto el camino, verías que tengo razón.

No creas que él va a esperar a que lo averigües, no. Él va a pasar por tu vida; hará el ruido justo y necesario, para cumplir su propósito contigo, y seguirá su camino sin detenerse a esperar que crezcan las rosas.

Míralo. Mira cómo reconoce su origen. Cómo eleva sus brazos y ondea sus manos en comunión con los peces. Observa cómo recuerda el hogar del agua y cómo sonríe sintiéndose parte de la cápsula que le ayudó a transformarse en humano.

Si pudieras ver sus ojos en este momento, verías que lleva en ellos el poder de todos los cielos y que en su brillo está la clave que convoca a los ángeles y abre la puerta de los mundos. Viene preparado para aprender y, sin embargo, ya ha comenzado a enseñar.

Y se llama Marco. Y es un Dios. Ambos lo sabemos. Su principio y mi final convergen en el punto que la juventud ignora. Él sabe de dónde viene y su mente tiene conexión con la Fuente y yo, que dirijo mis pasos a ella y sé adónde voy, lo amo y lo venero como sólo es capaz de adorar quien ha visto de cerca los ojos de Dios.

(©Mara Romero Torres)
Imagen también sujeta a derechos de autor.

La vida por ti

Te lo voy a decir de una manera sencilla
Para que no te pierdas en los versos.
Tú ya sabes que también brilla la plata,
Que llorar más no equivale a querer bien, 
Que enseñar con sangre no enseña nada.

Vengo a decirte que no es la vida la que te hace daño
Sino tu vivir y con ella
El después de tus decisiones
Y el reflejo en ti de las que toman los demás.
Dolor, amor, felicidad y tristeza juegan al corro por los callejones
Y te incluyen en la gallinita ciega sin darte tiempo a que tomes cuenta.

También de seguro sabes
Que siempre amanece temprano aunque te quedes durmiendo,
Que la lluvia, cuando viene bien, saca los meses floridos y hermosos
Y, cuando viene mal, erosiona y destruye hasta las huellas del alma.

Todo lo que necesitas saber está
En el derecho y el revés 
De la materia e inmateria que ves, tocas, hueles, saboreas y sientes.
Lo más difícil sera descubrir el secreto de caminar sin que te pinchen las espinas ni te embarren los lodos.

Y, en tu delirio de creerte tu propio hacedor,
Desde el amor y el desamor podrás 
Cultivar, cuidar y destruir pero nunca
Nunca serás en tu mixtura abstracta el creador de la rosa.
(©Mara Romero Torres)
Imagen también sujeta a derechos de autor.

Porque tú lo vales



Porque tú lo vales, ya es hora de que empieces a

*Sonreír sin complejos.
*Viajar a esos sitios que tanto te gustan.
*Salir de fiesta.
*Ir donde quieras cuando quieras y con quien quieras.
*Enamorarte de quien te dé la gana.
*Vestirte como se te antoje.
*Decir lo que piensas.
*Callarte porque lo decides tú.
*Hablar con quien quieras.
*Alejarte de quien no te respeta.
*Comprarte lo que te gusta.
*Darte el capricho de romper las costumbres.
*Dejar de ser previsible no haciendo lo que otros esperan que hagas.
*Mandar a tomar viento las penas.
*Darle billete de ida a quien no te quiera. 
*Tener sexo cuando te apetezca.
*Estar sola cuando tú lo decidas.
*Proteger tu espacio y que nadie lo invada sin tu permiso.

Eres una persona única, valiosa e irrepetible.
Camina siendo tú, con valentía, sin miedos y, cuando estés con alguien, déjale claro que estás porque así lo quieres y no por necesidad.
Empieza a vivir para ti, por ti y todas las preposiciones de ti... Sin dependencia.

©MaraRomeroTorres
Imagen también sujeta a derechos de autor.





sábado, 23 de marzo de 2019

Cuando digo corazón


Porque cuando digo corazón digo Todo y cuando hablo de ti se me llena el alma.
Ésa que anda perdida cuando la ternura de tus manos no está cerca o el brillo de tu sonrisa se solapa en el silencio.
Quiero compartirme contigo siempre.
Decidí darte el tiempo de mi vida y tu amor me recompensa con la luz que trasciende el poder del Universo.
Bendigo las decisiones que nos hacen más valientes
Y bendigo cada día que estás conmigo.
Porque cuando digo miedo no es a las caídas ni a los vaivenes que pasan y se remontan desafiando al Infierno,
pues solo me asusta en la vida la idea infame de perderte.
Y que en la penumbra se proyecte mi sombra sin ti.


©Mara Romero Torres
Imagen también sujeta a derechos de autor.

martes, 23 de agosto de 2016

Quizá ciertamente


No se es menos dios por ser mujer
ni el poder se suscribe al corazón  del ser hombre.
Los tropiezos y las sombras acosan por igual.

Si eres sabio, te aplaudo;
si soy sabia, aplaudeme tú.
Si no puedes salvar un obstáculo, te ayudo;
si no puedo salvarlo yo, ayúdame tú.

Nadie escribió bien nuestra historia ni hizo justicia
a la verdad no manifiesta con la que nacimos.
A ti te ensalzaron y a mí me hundieron
o más bien debería decir
que te ensalzaste a ti mismo y me hundiste a mí
temeroso de mi brillo y acomplejado
por la falta del tuyo.

Si yo tengo la nobleza de aprender de ti,
ten tú la humildad de aprender de mí.

Hay cualidades que sólo reflejan los dioses
y estos nunca confunden el camino que transitan.
Al dios menor que tú has creado se antepone el Todo
que me hace mujer.

Algún día entenderás que la mente es la luz que conduce al corazón.

© Mara Romero Torres
Imgen tomada de la web

sábado, 28 de mayo de 2016

Qué haría yo sin ti


Suave como la brisa en primavera
vienes puntual a nuestra cita.
Qué haría yo sin ti, si no te tuviera.
Qué sería de mí, si no me llegaras.

En la serenidad con que me miras,
traes la voz de lo sabido desmembrando
los pasajes ignotos que tambalean
la estabilidad del espíritu.

Todo es tan fácil contigo
que con saber que te acercas
olvido si alguna vez te temí
y el vacío tan insondable
se vuelve arcilla en mis manos.

Sin ti, no estaría completa.
Sin mí, no te faltaría nada.
Lo sé.
Y, sin embargo, sé también
que no habrá nada que nos separe
porque eres el tú de mi yo,
mi noche clara.

Copyright: © Mara Romero Torres
Imagen tomada de Internet

miércoles, 21 de enero de 2015

Homínido estuosamente estulto


     Hay un lugar mágico, ignoto y lejano, donde las princesas de todos los cuentos esperan en la casa de las hadas el regreso del príncipe que partió a inspeccionar este mundo... y se volvió mundano.
      "Nunca encendáis una vela al cielo para que os quieran
                                            —les decía el hada—,
      si el que os quieran depende de una vela".

     Entendió una princesa que debía buscar a su príncipe saliendo de la espera y bajó decidida a encontrarlo.

     Lo encontró borracho de vanidades en las fiestas del monte rictus.
     Al ver que no la reconocía, lanzó sus llantos al cielo y las hadas le enviaron una rosa, una honda y la voz de un ruiseñor que presto fueron a su mano.
     Sin dudarlo ni un segundo, le dio amor y el malasaña acontrito, sin dudar, mordió su mano.

                                           Se  quedó sin mano.

     Le volvió a ofrendar amor, como manjares a un dios, sobre pétalos de rosa y el mutante sin sapiens rasgó los pétalos.

                                           Se quedó sin rosa.

     Cargó la honda de amor y la lanzó con tal fuerza que volando se hizo luz afilada como flecha; pero el mundano perverso se apartó para que cayera al barro y raudo la pisoteó, danzando sobre honda de amor, como en las fiestas de Baco.

                                            Se quedó sin honda.

     Con la voz del ruiseñor entonó grito de amor y el sapillo pintojo le dio la espalda y taponó sus oídos con cinismo sado infartus.

                                             Se quedó sin voz.

     Las hadas, en primorosa premura, le enviaron una nube para que le lloviera amor al renegado inclemente que al instante abrió el paraguas seguro de que, como en sus karmas de antaño, le caerían rayos despegadores de sus libertinos atracos.

     La princesa llamó a la nube y se subió en ella. Al punto de elevarse, oyó la voz de aquel clamando amor. Lo miró y sobre aquella nube pasó de largo.

     Por encima del lamento autocompasivo de aquél que se trucó mundano, destacó la voz de un hada:

                                           "Homínido estuosamente estulto,
                                            ahora que tienes lo que reflejas,
                                                  ¡¿De qué te quejas?!"




©Mara Romero Torres, En las olas de tus ojos 

(La imagen que ilustra este Cuento-Poema ha sido tomada de internet)



miércoles, 14 de enero de 2015

La última rosa del otoño



A Juan Andrés

Objetos y plantas vienen a mí desde el tiempo.

Miro de cerca estas gafas de sol
cansadas de filtrar mis andares,
y esta copa que en mi recuerdo
lleva las aristas de los años.

Antes todo era nuevo.

Hoy he visto esta rosa roja
que, no siendo ni la más bonita ni la más fea,
es la rosa que mejor huele de todas
las que he olido en mi vida.
He olvidado la fecha en que mis manos
plantaron el rosal que la ha gestado
y he olvidado también si alguna vez
me hirieron sus espinas.
Contemplo en sus pétalos perfectos
el terciopelo de todos los veranos
y ahora que llega el frío,
envolviendo en su pátina belleza y melancolía,
la última rosa del otoño me hace compañía.

Audio del poema


©Mara Romero Torres, "En las olas de tus ojos"

Juan Andrés, desde facebook, me pidió que hiciera un poema; aquí está en letra y audio.


viernes, 29 de noviembre de 2013

Al rayar el alba


Las noches están hechas a su medida. Por sus venas corren mis huellas y en mi vida está su piel. Con él he rozado lo invisible cuando el alba se ha manifestado en promesa. Sólo por alcanzar su beso sublime volvería a nacer otra vez... Y mil veces volveré a nacer mientras vida y muerte me encuentren al rayar el alba.